Martirologio
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El uso del Martirologio

El Martirologio romano es un libro litúrgico. No es un diccionario de santos para consultar, sino un texto para leer en voz alta, día tras día, en la oración de la Iglesia. Esta página reúne lo que dicen los Praenotanda (la introducción de la edición de 2004) y su Ordo lectionis Martyrologii (el rito para su lectura) sobre cómo y cuándo se hace.

Un libro litúrgico

Con el paso de los siglos, el carácter litúrgico del martirologio se fue haciendo cada vez más claro, hasta que ocupó su lugar entre los libros con los que la Iglesia da culto a la Trinidad (Praenotanda, nn. 20–21). Los santos que conmemora tienen su lugar dentro del misterio de Cristo que la liturgia celebra a lo largo del año; por eso la Iglesia ofrece, junto con la lista de los santos, las normas según las cuales puede celebrarse su memoria sin que oscurezca los misterios de la salvación (Praenotanda, nn. 24–25).

El libro no pretende nombrar a todos los santos y beatos, ni narrar extensamente su vida. Enumera memorias: en primer lugar de la Santísima Virgen María, después de los ángeles y luego de los fieles que hoy reciben culto en la Iglesia universal, en las Iglesias particulares y en las familias religiosas (Praenotanda, nn. 27–28).

Celebrar a un santo del día

Fuera de las solemnidades, fiestas y memorias obligatorias del calendario, en una feria que admite memoria libre pueden celebrarse, con ese mismo grado, la Misa y el Oficio de cualquier santo inscrito ese día en el Martirologio romano o en un Propio del Martirologio aprobado (Praenotanda, n. 26), (Praenotanda, n. 30). Los beatos son un caso distinto: su celebración queda reservada a la diócesis, nación, región o familia religiosa a la que la Sede Apostólica la ha concedido (Praenotanda, n. 31). Véase El Martirologio y los calendarios particulares.

Cuándo se lee

Los elogios de un día se leen siempre la víspera (Praenotanda, n. 35). La lectura anuncia los santos de mañana: el 1 de enero, la comunidad escucha los santos del 2 de enero.

Es loable leer el martirologio en el coro, pero también puede leerse fuera de él (Praenotanda, n. 36).

En la Liturgia de las Horas

En el coro, la lectura se hace normalmente en Laudes, después de la oración conclusiva de la Hora. El lector comienza directamente, sin introducción alguna, con el anuncio del día siguiente, lee los elogios y termina con el versículo V. Pretiosa in conspectu Domini — R. Mors sanctorum eius («Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus santos», Sal 116,15). Puede seguir una de las lecturas breves que ofrece el libro, concluida con Verbum Domini. El sacerdote o el diácono que preside o, en ausencia de un ministro ordenado, el laico que dirige la celebración dice luego una de las oraciones propuestas, y el rito termina con la bendición y la despedida (Ordo, nn. 1–4).

Si esto no resulta oportuno, nada impide hacer la lectura, del mismo modo, en una de las Horas menores, inmediatamente después de la oración conclusiva; al final se dice el Pretiosa, seguido de Benedicamus Domino (Ordo, nn. 5–6).

Fuera de la Liturgia de las Horas

El martirologio puede leerse también cuando la comunidad se reúne en el coro, en la sala capitular o en la mesa del refectorio. El orden es el mismo: el anuncio del día siguiente, los elogios, el Pretiosa, una lectura breve opcional, la oración, la bendición y la despedida (Ordo, nn. 13–17).

Días particulares

  • Celebraciones movibles. Las fiestas sin fecha fija, desde el primer domingo de Adviento hasta Cristo Rey, tienen elogios propios en una sección aparte del libro. Cuando una de ellas cae en el día que se anuncia, se lee en primer lugar, antes de los elogios del día (Ordo, n. 7).
  • Domingo de Pascua. Antes de leer los elogios del día siguiente, se anuncia la memoria del domingo de Pascua (Ordo, n. 7).
  • El Triduo pascual. El Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo no se lee el martirologio, y se omiten los santos de esos días (Ordo, n. 8).
  • La víspera de Navidad. Tras el anuncio del 25 de diciembre se canta, de manera propia, la solemne proclamación de la Natividad (Ordo, n. 9).
  • La luna. Anunciar el día de la luna después de la fecha es facultativo (Ordo, n. 10). Véase La tabla lunar.
  • Los elogios con asterisco se leen solo allí donde se ha concedido el culto de ese santo o beato (Ordo, n. 11). Véase Leer la página de un día.

Memorias trasladadas

Cuando una memoria se ha trasladado a otro día, ya sea por un año o de forma permanente, se añade al final de su elogio una breve cláusula que indica a los oyentes en qué día se celebrará la memoria, o en qué día cae el dies natalis del santo (Ordo, n. 12). El libro ofrece una fórmula para cada caso.