Historia del Martirologio romano
Un martirologio es el registro de los santos de la Iglesia, ordenado según los días del año. Para cada día nombra a los santos cuya memoria cae en él, indica dónde murieron o dónde reciben culto y, en los martirologios más tardíos, añade un breve elogio (elogium) que recuerda quiénes fueron. El Martirologio romano es el martirologio del Rito romano. Su forma actual es la editio typica altera de 2004, pero es heredero de una tradición de más de quince siglos.
Antes del Martirologio romano
Las listas de santos más antiguas eran calendarios locales: las fechas en que una Iglesia celebraba el aniversario, el dies natalis o «nacimiento» al cielo, de sus propios mártires. En el siglo V estos calendarios locales, entre ellos el romano, el africano y el siríaco, se fundieron en una gran lista única. Esa lista circuló bajo el nombre de san Jerónimo y todavía se la llama Martirologio jeronimiano. Fue creciendo a medida que los copistas añadían santos de otras regiones y, por el camino, acumuló duplicados, confusiones y otros errores (decreto del 29 de junio de 2001).
El Jeronimiano es una lista de nombres. A partir del siglo VIII apareció un tipo nuevo de libro: el martirologio «histórico», que dedica a cada santo unas pocas líneas tomadas de sus actas o de sus leyendas. Beda (†735) escribió el primero; le siguieron Floro de Lyon, Adón de Vienne y, hacia el año 875, Usuardo, monje de Saint-Germain-des-Prés. El martirologio de Usuardo se difundió por todo el Occidente latino y se leía en la misma Roma.
Cuando César Baronio se propuso escribir la historia de estos libros, partió del Martirologio romano, como del manantial del que, a su juicio, brotan todos los demás:
cum præsertim eadem omnia ab ipso ducant originem, ab eoque, veluti e fonte riui, dimanent.
«puesto que todos tienen en él su origen y de él proceden como los arroyos de una fuente.» (Baronio, Tractatio de Martyrologio Romano)
Gregorio XIII y Baronio (1584–1589)
La reforma de los libros litúrgicos que siguió al Concilio de Trento llegó al martirologio bajo Gregorio XIII, el papa de la reforma del calendario. Una comisión revisó el texto a partir de Usuardo y de las fuentes más antiguas, y la primera edición del Martyrologium Romanum apareció por orden suya en 1584 (decreto del 29 de junio de 2001).
Uno de los miembros de la comisión, el oratoriano César Baronio, publicó luego el libro acompañado de dos obras propias: las Notationes, notas a cada elogio que indican sus fuentes, y el Tractatio de Martyrologio Romano, un tratado sobre la historia de los martirologios. Baronio siguió corrigiendo el texto en ediciones posteriores. Sus notas hicieron del Martirologio romano no solo un libro litúrgico, sino también una obra de erudición, y se reimprimieron con él durante siglos.
Las revisiones hasta 1960
El libro volvió a revisarse bajo Urbano VIII. La edición impresa en el Vaticano en 1630, después de la muerte de Baronio, recoge los cambios que él mismo había anotado y añade, al margen, referencias a los lugares de sus Annales Ecclesiastici donde se trata de cada santo. Esa edición está en este sitio junto con sus Notationes (véase la edición de 1630 y sus notas).
Clemente X autorizó una nueva revisión, y Benedicto XIV, erudito él mismo, hizo examinar de nuevo el texto entero; su edición de 1749 siguió siendo la base de todas las impresiones posteriores (véase la edición de 1749). Se fueron añadiendo nuevos santos y beatos a medida que eran canonizados o beatificados, y los papas sucesivos revisaron, enmendaron y ampliaron el libro hasta 1960 (decreto del 29 de junio de 2001). En este sitio se encuentra también una traducción inglesa de la impresión romana de 1914, publicada en Baltimore en 1916 (la traducción inglesa de 1914).
El Concilio Vaticano II y la editio typica de 2001
La Constitución del Concilio sobre la liturgia pidió que «los relatos del martirio o las vidas de los santos concuerden con los hechos de la historia» (Sacrosanctum Concilium, n. 92c). Para el martirologio esto suponía una revisión a fondo: cada nombre y cada elogio debían examinarse con el método histórico, con más cuidado que antes, y el libro debía volver a estar en armonía con los demás libros reformados del Rito romano (Praenotanda, n. 22). Al mismo tiempo, había que añadir a los santos y beatos que gozan de culto público aprobado, ya sea por un culto local inmemorial, ya por proclamación posterior a 1960.
El trabajo llevó muchos años. El papa Juan Pablo II aprobó el resultado, y la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos lo promulgó como edición latina oficial el 29 de junio de 2001 (decreto Victoriam paschalem Christi, Prot. N. 551/00/L).
La editio typica altera de 2004
Apenas tres años después siguió una segunda edición típica, promulgada el 29 de junio de 2004 (Prot. N. 1140/04/L). Incorporó a los numerosos siervos de Dios que Juan Pablo II había beatificado o canonizado entretanto, para que pudieran recibir culto enseguida en su dies natalis; modificó las entradas de algunos santos cuya mención había caído en desuso o suscitaba dudas históricas; y pulió el latín y la ortografía. Esta editio altera es la edición vigente, y de ella toman sus fechas los identificadores de este sitio (véase Los identificadores canónicos de los elogios).
Las ediciones en lenguas vernáculas
El decreto de 2004 confía la traducción del martirologio a las lenguas modernas a las conferencias episcopales, cuyos textos revisa la Sede Apostólica. La traducción italiana de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) fue confirmada el 11 de julio de 2006 (Prot. N. 739/06/L) y es obligatoria desde el 1 de noviembre de 2006; es la edición «típica» para la lengua italiana. No existe una edición inglesa aprobada del texto de 2004; este sitio muestra una traducción inglesa no oficial. Las ediciones del sitio se describen en Las ediciones de este sitio.